Los cretenses son los mayores consumidores de aceite de oliva por persona durante un año en el mundo. Cada habitante consume unos 30 litros, a diferencia de los franceses que consumen unos 0,5 litros.
En la antigua Creta eran muy religiosos por lo que el aceite de oliva no estaba destinado originalmente para el lado culinario, sino para honrar a los dioses. Los habitantes de Creta adoraban sin límite a los dioses, y para eso se establecieron muchas ceremonias a su favor.
Por aquel entonces, el aceite de oliva era un activo comercial innegable para Creta. Mientras que las necesidades de la ciudad no excedían los 2000 hectolitros, algunas tiendas contenían hasta 10000 hectolitros de aceite de oliva. Esto les permitió exportar gran parte del aceite de oliva y convertirlo en la actividad comercial más importante.
El otro culto de los cretenses es la salud. Según ellos, el aceite de oliva tiene muchas virtudes prolíficas para el cuerpo, lo que se ha probado desde entonces.
El Oráculo de Delfos decidió dar este privilegio a quien regalara a la ciudad el mejor de los presentes.
Poseidón regalo un rio de agua salada y Atenea creó el olivo.
Por supuesto ganó Atenea y el olivo fue y sigue siendo el símbolo de toda la cultura helénica y posteriormente romana.
Del olivo se extrajo el zumo de las olivas y se le denominó aceite de oliva virgen extra.