El mayor trabajo realizado en España sobre alimentación sana, Predimed, con datos de 7.500 personas, observó hace dos años que cuando la dieta mediterránea (ya de por sí protectora) se reforzaba con aceite de oliva virgen extra o frutos secos, disminuía el riesgo de sufrir accidentes cerebrales hasta un 30%. Centrando el foco en otro aspecto, la función cognitiva entre las personas mayores (67 años de media de edad), ha dado como resultado que el mismo régimen alimenticio enriquecido con aceite o nueces también previene o retrasa la pérdida de facultades mentales asociadas al envejecimiento en población sana.
Al término del estudio, los investigadores advirtieron que las personas que tomaron la dieta mediterránea reforzada con suplementos tenían una capacidad cognitiva mejor que el grupo de control, que había sufrido mayores pérdidas en la función cerebral. Los que consumieron frutos secos preservaron mejor la memoria.
El investigador subraya que los resultados son aplicables a la población sana, como estrategia preventiva, pero nunca como un tratamiento para frenar los efectos de un proceso de demencia cuando ya ha comenzado a manifestar sus síntomas. “La dieta analizada frena el deterioro cognitivo asociado a la edad, pero de momento no podemos decir que se prevenga, por ejemplo, el alzhéimer, aunque sí la condición patológica previa alzhéimer”. El ensayo muestra cómo un cambio de hábitos, en este caso alimenticios, es un recurso eficaz para prevenir la degeneración cognitiva, aunque tenga lugar en edades avanzadas.
Pese a los esfuerzos realizados, las únicas estrategias que han demostrado su eficacia para frenar el declive de las facultades mentales asociadas a la edad no son farmacológicas –sí hay medicamentos cuando la demencia se ha manifestado- sino que están relacionados con los hábitos de vida saludable.

El Oráculo de Delfos decidió dar este privilegio a quien regalara a la ciudad el mejor de los presentes.
Poseidón regalo un rio de agua salada y Atenea creó el olivo.
Por supuesto ganó Atenea y el olivo fue y sigue siendo el símbolo de toda la cultura helénica y posteriormente romana.
Del olivo se extrajo el zumo de las olivas y se le denominó aceite de oliva virgen extra.